Se distingue por el desarrollo extraordinario de sus aletas pectorales, caudales y dorsales, que son mucho más largas y vaporosas que las de un Koi convencional. A medida que el pez madura, estas aletas continúan creciendo, adquiriendo un aspecto similar al de una tela de seda o las alas de una mariposa. Es un pez que combina la robustez de las carpas con una delicadeza visual única, moviéndose con una parsimonia y elegancia muy particulares.
Debido a la gran superficie de sus aletas, es fundamental evitar elementos cortantes o decoraciones puntiagudas en el estanque o acuario que puedan desgarrarlas. Requieren una excelente calidad de agua para prevenir infecciones fúngicas o bacterianas en las extremidades. Su nado es ligeramente más pausado que el de los Koi comunes, por lo que conviene asegurar que todos los ejemplares tengan acceso equitativo al alimento durante las tomas.